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Senderos de palabras, de Javier Úbeda. Una reseña de Isabel Alamar

Este libro nos habla del importante papel que desempeñan las palabras en la vida y en la vida las palabras. Las palabras verdaderas, las que son pensadas y dichas desde el corazón poseen un alto poder sanador, purificador e incluso iluminatorio… que no debemos menospreciar y del que debemos saber nutrirnos, y ser en todo momento conscientes para que puedan obrar en nosotros ese milagro de abrirnos a la magia de un mundo mejor capaz de transformarnos, de ahí, el hermoso título que el escritor Javier Úbeda ha elegido para su último libro: Senderos de palabras. Porque las palabras, como él ya nos señala, nos ayudan a caminar.
Con las palabras intentamos explicar el mundo que nos rodea y las palabras nos sirven a su vez para ahondar mejor en ese mundo. Y, por otro lado, la realidad también nos llega a través de palabras en enseñanzas que se van transmitiendo a lo largo del tiempo, generación tras generación, y que van dejando en nosotros su poso de marcas imborrables, y luego, inmersos en este recorrido que es la vida, nosotros mismos acabamos tomando el relevo y transmitiendo esas mismas enseñanzas, pero actualizadas, modificadas por nosotros a los demás, al mundo, formando una cadena que parece no tener fin, y, en realidad, es así: ¡no lo tiene!, porque si lo tuviera, simplemente, el mundo no existiría tal y como lo conocemos ni nosotros tampoco.
En este caso, el autor mantiene en todo momento una visión optimista y, fuertemente, vitalista de la vida, pese a los indudables males que aquejan al mundo, eso es innegable y está claro, como pueden ser la pobreza, la violencia, la soledad, la corrupción… De cualquier modo, siempre habrá un resquicio para la esperanza, para el amor, para la amistad y, en general, para la magia de existir y saber disfrutar de la vida, y ese es el principal mensaje que intenta transmitirnos en todo su libro.
De hecho, una y otra vez, el autor se reafirma en la creencia de que podemos salvarnos si tenemos claro lo que, realmente, vale la pena, como dice en algunos versos de su poema “Importan” (…Importan los sueños: trabajar y vivir por ellos / Importan los amigos, su cariño, su apoyo / Importa saberse únicos, valorados y queridos / Importas tú, amada mía…). Todas estas cosas y otras muchas más tienen el poder y el deber de salvarnos o al menos el de ayudarnos a vivir un poco mejor, por eso, el escritor parece que no se cansa nunca de recordárnoslo volviendo una y mil veces sobre estos aspectos para abordarlos desde distintos géneros y desde distintos ángulos o perspectivas -en unas ocasiones estos pensamientos toman la forma de reseñas; en otras, nos llegan a través de relatos o microrrelatos y, algunas de las veces se convierten en poemas, algunos con formas clásicas como el soneto, pero la mayoría en versos libres-, asegurándose así de que el mensaje nos llegue y nos cale hondo.
Este incansable articulista de opinión, crítico literario y escritor de relatos y poemas, como todo buen intelectual que se precie, está convencido del papel activo que desempeña la escritura. De hecho, Javier Úbeda cree que escribiendo se puede cambiar el mundo o al menos contribuir a aportar un poco de luz en sus senderos, incluso en los más recónditos. Por eso, este libro se encarga de recoger la producción literaria llevada a cabo por Javier Úbeda a lo largo de varios años de arduo e intenso trabajo, que van desde el año 2009 al año 2011, ambos inclusive. Y no olvidemos nunca que un escritor escribe siempre pensando un día en el público lector que acabará de cerrar el círculo de la creación, ya que siempre se crea o se escribe para alguien, aparte, claro está, de para uno mismo.
Con Senderos de palabras asistimos, pues, a un libro muy heterogéneo, que consta, de tres partes, claramente, definidas. En la primera, encontraremos siete críticas literarias, pertenecientes a libros que han logrado dejar su huella en nuestro panorama literario como es el caso de las reseñas de Como el río que fluye; El lector; Bartleby, el escribiente o Memorias de África; en la segunda parte, leeremos varios relatos, concretamente, veinte relatos breves, un relato largo y catorce microrrelatos, y en la última parte del libro disfrutaremos de cuarenta poemas, la mayoría de ellos de temática amorosa, aunque tampoco falten otros motivos, ya clásicos, como son el paso del tiempo, la naturaleza, la soledad o la metaliteratura o creación literaria, etc. Y a veces le veremos abordar algunas temáticas que, por lo general, han sido menos tratadas como es el caso de cuestiones de índole social a las que Javier sí que les ha concedido su espacio: el tema del maltrato en “El grito”, el de la indefensión o desprotección en la infancia en “Pido la palabra” o la indigencia en “Sola”. Otras de las historias versarán sobre la minusvalía que aparece en dos de los relatos cortos: “Más de cinco sentidos” y “Con vistas a tu corazón”, o sobre la importancia de la familia en relatos como “Momentos” y “La familia, ese tesoro”.
Mención aparte merece el relato más extenso de todo este libro que lleva por título “Recuerdos”. Se trata de una historia ambientada en la época de la guerra civil y en el posterior periodo de la posguerra, que bien pudiera acabar siendo un día una novela de memorias, no del autor, sino del personaje principal inventado por él, una mujer ya anciana que decide poner por escrito su vida con ayuda de una periodista, Patricia, con el fin de contentar a sus amados hijos. Estamos casi convencidos de que Javier Úbeda tendría que seguir escribiendo esta biografía, y desde aquí le animamos a hacerlo, porque el texto se presta totalmente a ello e incluso reclama esta continuidad para seguir profundizando así en la apasionante historia de esta mujer luchadora, llamada Carolina, pero, de momento tendremos que conformarnos tan solo con el esbozo de unas etapas vitales de su vida, y con unos recuerdos, simplemente, fragmentados, pero que denotan ya una apasionante y enérgica trama.
Y, en muchas ocasiones, veremos cómo una misma cuestión es a la vez abordada desde diferentes géneros. Por ejemplo, la importancia de la cultura, la educación, la vocación o incluso el destino los veremos en la reseña de la novela de Miguel Delibes, El camino o en la de La elegancia del erizo. Y, por otra parte, nos volveremos a encontrar este mismo ítem en los relatos de “La bibliotecaria”, “Con vocación de político”, “El crítico literario” o “Comunicando con el mundo”. Y en poesía formará parte al menos de dos de los poemas que conforman el libro: “Pan de futuro” y “Las palabras”.
Para finalizar diremos que Senderos de palabras es un libro muy peculiar que responde a la visión que tiene de la vida su autor, Javier Úbeda. Todo lo que es importante para él y también para nuestra sociedad diría que ha quedado plasmado de algún modo en estas páginas, ya que, por supuesto, no vivimos aislados, sino los unos con los otros -nos guste o no- y el poder de la literatura es ese, sobre todo, hacer hincapié en lo que nos identifica, en lo que nos une o, por el contrario, en lo que nos separa, en este último caso como denuncia, como forma de evitarlo al poner el dedo en la llaga.
Un libro que, un poco a la manera que ya hizo en su día Paulo Coelho con su obra Como el río que fluye, recopilando textos de muy diverso carácter, trata de ayudarnos en la dura labor de “aprender a vivir”, simplemente “a vivir” o, en su defecto, “a sobrevivir”, aunque de todas estas opciones yo me quedaría con la segunda, nos enseña “a vivir”, recalcando lo hermosa que es la vida, y creo que el autor también se quedaría con esa definición más que con las otras. En cuanto a ustedes, ya me darán su opinión cuando lo lean… Desde aquí solo me queda por desearles una feliz y, de buen seguro, amena lectura.


Javier Úbeda Ibáñez. "Senderos de palabras". Pasiónporloslibros, 2011.

Texto de Isabel Alamar

Una reseña de Javier Úbeda de "Huellas de herradura" la novela de Ramón Mur


Huellas de herradura

Algo que nos llama enseguida la atención de este libro, es la forma en que ha sido editado. Ramón Mur, escritor, nacido en Pamplona, con raíces aragonesas que vive a caballo entre Zaragoza y Belmonte de San José (Teruel), y periodista de gran prestigio, dado que tiene a sus espaldas numerosos artículos de opinión, publicados tanto en prensa digital como escrita ha decidido publicar la que es ya su tercera novela hasta la fecha (la primera fue recordémoslo: Sadurija, anales secretos de la casa Membrado. Centro de Estudios Bajoaragoneses, 1990; y la segunda: Genuino de la Tierra. Centro de Estudios Bajoaragoneses, 2008) en una conocida y novedosa editorial digital denominada Bubok.com, en la que podemos conseguir el libro bien en formato tradicional de papel o bien en formato digital, y que nos permite pagar la opción de compra elegida de varias maneras mediante transferencia, paypal o giro postal, y todo ello de una forma rápida y segura. He aquí la Url exacta donde podemos ver y adquirir este libro para nuestro disfrute como lectores: http://www.bubok.com/libros/6545/Huellas-de-herradura.


Respecto a su segunda novela, Genuino de la Tierra, podemos decir que es el perfil novelado de Juan Pío Membrado, escritor regeneracionista, oriundo de Belmonte de San José (1851-1923). Y que, en realidad, este perfil biográfico fue escrito por Mur para la reedición de la obra más importante de Membrado titulada El porvenir de mi pueblo. Batalla a la centralización (Zaragoza, 1907), de hecho, este estudio formó parte (junto a otro de la también erudita Teresa Thomson acerca de la vida y obra de este autor) de la edición en Facsímil llevada a cabo por el Centro de Estudios Bajoaragoneses en 2008 con motivo del centenario de esta importantísima publicación.


Por qué Huellas de herradura: la respuesta es sencilla, el hilo conductor de todo el libro son los équidos (caballos percherones o burdéganos, yeguas frisonas, asnos garañones…). De ahí la palabra “Herradura”, y, “Huellas”, suponemos que por varios motivos también: uno, porque las herraduras dejan unas huellas claramente visibles en la tierra; dos, porque aparte de estas huellas visibles, están las huellas invisibles que han dejado en nosotros y en nuestra sociedad, ya que con este libro, tal y como es el deseo de su autor, asistimos a una crónica que va desde el año 1936 hasta el año 2008, principios ya o albores del siglo XXI, en la que se nos narra cómo las mulas, los asnos… van pasando de desempeñar un papel crucial sobre todo en el mundo rural como bestias de tiro o de carga, indispensables para realizar los trabajos más duros y pesados de la tierra, a casi desaparecer por completo, debido al imparable progreso que trae consigo el desarrollo de la automoción (automóviles, tractores, camiones…) y conlleva la mecanización del campo. Y, gracias a ello, veremos cómo nos vamos moviendo o desplazando, poco a poco, en nuestra sociedad desde una pobreza casi extrema -como consecuencia también de las circunstancias especiales de ese momento histórico: la guerra civil y los años duros de la posguerra- hacia una mejor calidad de vida. Pero también veremos toques de añoranza por un paisaje que ya nunca volverá a ser el mismo -y que, por supuesto, tenía también sus cosas buenas, como comprobaremos si leemos esta novela- y que ya pertenecerá siempre a nuestro pasado más inmediato y a nuestro recuerdo.


La estructura de esta novela es muy elaborada. Y parece basada en el método de las cajas chinas, con multitud de historias dentro las unas de las otras. De hecho, nada más comenzar el libro se nos dice que Nicolás Valdecantos, discípulo del catedrático de Veterinaria Martín Abad -protagonista indiscutible, junto a los équidos, de toda esta novela- había escrito tres cuadernillos sobre la vida de este catedrático que fuera un día su maestro en la facultad. Pero este material, en realidad, no verá la luz hasta que el hijo de Nicolás lo encuentra y decide utilizarlo junto a otros datos como conferencias del catedrático, notas, cartas… que también halla para escribir la biografía de este veterinario que vivió y ejerció su profesión a lo largo sobre todo del siglo XX.
Por supuesto, todos los personajes son ficticios. Y esta no es si no una ingeniosa licencia que se toma el autor para impregnar de la mayor verosimilitud toda su narración. A este capítulo introductorio, titulado “Tres cuadernos” le siguen otros, que se corresponden con las diferentes etapas vitales de Martín Abad (infancia, madurez, vejez…), aunque no exactamente por este orden, pues la cuidadosa elaboración de la obra se ve reflejada también en este aspecto, ya que la historia no está contada toda de manera lineal que hubiera sido la manera más fácil de contarla. Y, por último, termina el libro con una serie de episodios cortos que son como breves y rápidos apuntes o esbozos a pie del terreno que recogen algunas de las vivencias ocurridas a Martín Abad mientras ejercía su profesión de veterinario y que, en su gran mayoría, son casos clínicos que le llamaron especialmente la atención como “El mal de Platón”, que cuenta la historia de un macho burdegano, o sea un hijo de caballo y burra, o “La burra que fue a morir al Soto” o “La yegua franciscana”.


Hay que reconocer que el autor se ha documentado casi hasta la extenuación, para poder ofrecernos esta sin igual novela, de hecho, aparte de su valor literario como novela, hemos de resaltar también su valor histórico y sociológico. Porque Ramón Mur ha manejado de forma magistral un sinfín de datos especializados referentes, por ejemplo, a las diferentes clases que existen de équidos, a los utillajes del campo y a los enseres o herramientas de los animales, a las enfermedades más comunes que padecen estos y otros animales, a los oficios o actividades más variopintas que se desempeñaban en la época (como fámulo o criadillo de estudiantes ricos, albéitar, torrero, capador o castrador…), hasta tal punto que es como si tuviéramos ante nosotros una radiografía de estos días que nos llega a través de muy detalladas descripciones… Y además lo ha hecho con una sencillez de la que todos nos beneficiamos al poder entender todo pese a no ser expertos en la materia. Nos acompañan en el recorrido para que nos resulte, a la vez que didáctico también ameno, aparte de los animales -algunos verdaderamente enternecedores como la mula Cata o la mula Baya-, muchos personajes, algunos muy desarrollados como el propio Martín o su novia Carmen Santacilia; otros apenas descritos con unas suaves y escasas pinceladas coloristas puestas aquí y allá, pero que no dejan de ser una parte indispensable para la comprensión de todo el paisaje del cuadro. De este repertorio coral destacaríamos al profesor de Martín en las Escuelas Pías don Artemio Valdecantos y, al hijo de este, Nicolás -que fue quien escribió los Tres cuadernos que mencionábamos al principio de esta reseña, ya que todo está bien trabado sin cabos sueltos en esta obra-, a sus hermanas Micaela y Fortunata Abad, a su cuñado el ex seminarista Benito Tortajada, al Tío Rosario (tratante de animales y patriarca del Clan de los Matojos), al Tío Viruta (apodo que recibía el carpintero que vivía en la Calle Nueva)…


En cuanto al estilo, el lenguaje es cuidado y dado que el libro está plagado de anécdotas, esto hace que predomine siempre un tono festivo y alegre que contribuye a amenizar la lectura con sus buenas dosis de humor, aunque también se den cita en el libro al igual que en la vida misma otros sentimientos como son la pena o la añoranza. Por otra parte, tenemos bastantes monólogos y también diálogos, por lo que nos podemos hacer una idea clara de cómo se habla en esas tierras bajoaragonesas -sobre todo en Villamediana de la Sierra pueblo que es su primer destino como veterinario-, lo que nos acerca y hace más creíble también a todos los personajes y hace que nos identifiquemos fácilmente con ellos. Lo cierto es que los personajes han sido muy bien caracterizados no solo en lo que respecta al habla y a la forma que tienen de expresarse, sino también respecto al aspecto físico, modo de comportarse…


Como conclusión podemos decir que esta novela histórica es didáctica y lúdica al mismo tiempo, y que leyendo el libro aprenderemos no pocas cosas sobre cómo se vivía en el mundo rural en aquellos años y sobre el mundo de los équidos, pero sobre todo pasaremos un buen rato inmersos en sus páginas, que es, al fin y al cabo, lo más importante y lo que más cuenta. Por último, solo nos cabe decir que esta novela tiene todos y cada uno de los ingredientes necesarios, y, por supuesto, bien conectados e interrelacionados entre sí, que hacen de una novela una gran novela. Juzguen si no ustedes mismos si al final esta historia repleta de amor y amistad por las personas y por los animales no les deja huella, como les adelantábamos ya en un principio.

Ramón Mur Gimeno. “Huellas de herradura”. Editorial digital: BUBOK.COM, 2009


Texto Javier Úbeda Ibáñez