Fruta de temporada, hemeroteca

martes 22 de julio de 2008

A.R.

Devociones. A Arthur Rimbaud. Él fue joven. Él fue el joven maldito. Él fue una divinidad maldita. Se emborrachó con la sangre de jóvenes muñecas. Su risa enloquecida, su poder, corriendo a la par su visión y su demonio. De forma precoz coloca su pija sobre el culo de jóvenes muñecas. Clava agujas en la cabeza de los inocentes. Mala semilla de ira dorada. ¡Ja! ¡ja! Él rie el último. Cabellos rubios enredándose en tu respiración vital. Hidrógeno blanco. Rimbaud. Salvador de los científicos olvidados: los alquimistas. La alquimia de la palabra. El poder de la palabra. Rayos del amor. Disparos en el altar. Ceremonias obscenas. No dejan pruebas sobre las pistas. Oro. Detrás. Rimbaud bendito. Rimbaud herido. Rimbaud: ángel con mangas de pelo azul. No. Luz sin sombra. Rimbaud fue un canto rodante ¿son todos los profetas perseguidos? Él fue un joven tan maltido.

---> No considero que escribir sea un acto silencioso, introspectivo. Es un acto físico. Cuando estoy en casa, con mi máquina de escribir, me vuelvo loca. Camino como un mono. Me humedezco. Tengo orgasmos. En vez de inyectarme heroína, me masturbo catorce veces seguidas. Tengo visiones. Naves descendiendo sobre las pirámides aztecas. Templos. Así es como escribo mi poesía,

Patti Smith.